lunes, 9 de febrero de 2009

CAPITULO 9 EL MISTERIO DEL COLLAR

CAPITULO 9 EL MISTERIO DEL COLLAR

-Que desconfiado –susurro Vanessa mientras salía de la habitación con Ginny frente a ella. Le parecía exagerada la acción de Harry de quitarle las varitas ¿acaso pensaba que estando a solas con Ginny la mataría? Si tanto rencor le tenía a la pelirroja ¿para que hacer el intento de protegerla?

La chica dio un suspiro para aclarar sus pensamientos mientras veía de reojo a los otros que las seguían con la mirada al pie de las escaleras.

-¿Dónde quieres hablar? –pregunto Ginny en un susurro mientras observaba el pasillo del primer rellano.

-Son unos chismosos y no quiero que nos interrumpan, vamos más arriba –índico Vanessa y sin esperar la aprobación de Ginny subieron al siguiente rellano. Esperaba que Harry respetara la privacidad que pedía y que no subiera por un largo tiempo.

Entraron en una habitación del fondo y cerraron la puerta tras ellas. Era una especie de ático con cajas y objetos de apariencia inservibles a su alrededor. Vanessa hizo una mueca de dolor y se tomo el brazo izquierdo cuando sin querer choco con un mueble alto que le impedía llegar al centro de la habitación que era la parte más vacía.

-Estee… -empezó Ginny con aire nervioso. –Vanessa, se que estas enojada conmigo pero por favor no vayas a denunciar lo que te hice. ¡No quiero terminar en Azkaban!

-¿Azkaban? –pregunto alzando una ceja y una vez que capto lo que le quería decir, estalló en carcajadas. -¿Crees que soy capaz de enviarte a Azkaban? –y siguió riendo. –No se me había venido en mente.

-¿No? –susurro la otra arrepintiéndose de haberlo mencionado.

-Aunque… -susurro Vanessa con aire pensativo –No es mala idea…

-¡Por favor no! –dijo la pelirroja juntando las manos frente a su rostro en señal de suplica

-¡Destrozaste mi vida y lo que pudieron ser los dos años más felices de mi vida! ¿No crees que te lo merezcas? Unos años en Azkaban podrían enseñarte que nadie se mete con Vanessa Prince –exclamo la chica con los dientes apretados. Claramente se notaba que quería gritar pero se estaba conteniendo lo más posible para evitar que Harry subiera. –¡Te odio Weasley, te odio con todas mis fuerzas y jamás te perdonare lo que me hiciste! ¡Por ti es que mi pequeña apenas y conoce el significado de la palabra “padre”!

-Vanessa, perdóname, perdóname por favor… yo… si hubiese sabido lo de tu hija nunca…

La otra chica se puso el dedo índice en los labios para que guardara silencio.

-Llevas todo el día disculpándote ¿es que aun no te cansas?

La pelirroja se quedo callada y ambas chicas se miraron a los ojos. Una con miedo y otra con profunda rabia pero no dejaban de mirarse. Ginny noto como la respiración de Vanessa se hacía más y más agitada, esperaba el momento en que estallara y se pusiera a gritar. El silencio se volvió incomodo y lo único que se escuchaba eran sus respiraciones hasta que súbitamente…

La chica de los ojos azul zafiro le soltó a Ginny tremendo revés en la cara que la mando directo al piso. Todo había sido tan rápido que no le había dado tiempo de reaccionar. Ginny se llevo una mano al rostro donde había recibido el impacto y otra sorpresa se llevo al descubrir que algo húmedo y caliente llegaba hasta su boca.

Vanessa le había roto la nariz.

-¡Por tu culpa, todo es tu maldita culpa! –rugió Vanessa que se acerco hasta la pelirroja para levantarla por la nuca obligándola así, a mirarle los ojos enfurecidos.

-¡Suéltame! –exclamo la otra chica que para tratar de defenderse, necesitaba cuanto antes soltarse de ella porque eso era más que una simple charla de mujer a mujer. – ¡Estás loca!

Ginny para zafarse recurrió a los manotazos y empujones pero Vanessa no quería ceder.

-¡Estaré loca pero al menos no soy como tú… una maldita arpía…!

De pronto dijo una maldición acompañada por un grito ahogado soltando a la pelirroja que cayó de sentón chocando con un viejo ropero que en lo alto sostenía algunas piezas de cerámica y vidrio resoplado que cayeron al suelo haciéndose añicos muy cerca de ella. Cuando volteo, la joven de los ojos azul zafiro estaba frente a ella, en el suelo echa un ovillo, lamentándose y sujetando con fuerza su brazo izquierdo.

-¿Estás bien? –pregunto Ginny que se puso de pie con cuidado esquivando los restos de un antiguo jarrón y tratando de limpiar la sangre que continuaba emanando de su nariz. Simplemente no entendía como la joven había terminado en el piso.

-¡¿Te parece que estoy bien?! –dijo Vanessa entre dientes y furiosa pero con una terrible mueca de dolor en el rostro -¡Auch! ¡Eres una idiota!

-¡¿Qué es lo que sucede?! –pregunto Harry fuera de la habitación.

-Maldición… ¡Vete y déjanos solas! –le grito Vanessa pero ya era demasiado tarde. El muchacho había entrado y miró perplejo a la joven tirada en el suelo y luego a la pelirroja que se había quedado tan quieta como una estatua.

-¡¿QUE LE HICISTE?! –bramo Harry abalanzándose sobre la pelirroja y sacudiendola por los hombros.

-¡Me estas lastimando! –exclamo desesperada porque le estaba yendo de mal en peor. Y pensar que todo aquello lo habían ocasionado un par de hechizos desmemorizadores. -¡Yo no hice nada!

-¡Maldita sea Harry! ¡Déjala y venme a ayudar! –exclamo Vanessa que hacia un gesto de dolor tras otro.

El ojiverde soltó a la Ginny con brusquedad y se arrodillo junto a Vanessa para ayudarla a por lo menos sentarse en el suelo.

En eso, se escucharon pasos fuera de la habitación. Eran Hermione y Ron que habían alcanzado a su amigo escaleras arriba.

-¿Mami? –pregunto una vocecita que por encima del hombro de Ron trataba de ver lo que estaba pasando.

-No quiero que Melissa me vea así –le susurro rápidamente Vanessa a Harry.

-Hermione, llévate a la niña –pidió el muchacho a su amiga que tenia a la pequeña en brazos.

La castaña asintió con la cabeza segura de que Mel aun no había visto nada pero al darse la vuelta para salir de la habitación la niña empezó a gritar.

-¡Bájame! ¡Bájame! ¡Queyo ir con mami!

-Vamos a jugar tú y yo. Tu mama está… está ocupada –se le escucho decir a Hermione tratando de calmarla pero Melissa siguió gritando hasta que su voz se volvió solo un susurro.

-¡¿Ginny, que le hiciste?! –pregunto Ron que se había quedado y visto la misma escena que Harry había presenciado un minuto atrás.

-¡¿POR QUÉ SIEMPRE TENGO QUE SER CULPABLE DE LO QUE LE PASA A TODOS?! ¡YO NO LE HICE NADA! ¡¿POR QUE NADIE SE FIJA EN LO QUE ELLA ME HACE A MI?! –exploto la pelirroja señalando su rostro y manos manchadas de su propia sangre.

-¡Cállate Weasley! –grito Vanessa que ya se había puesto en pie pero su aspecto no era nada bueno.

-¿Sabes qué Ginny? ¡Ahora si estoy harto de ti y de tus mentiras!... ¡Largo de mi casa!

-Oye Harry, amigo, tranquilízate.

-Mejor ni te metas Ron, este es un asunto entre tu hermana y yo –puntualizo el ojiverde que continuaba muy enojado. -¿Y tú que estas esperando? ¡Fuera!

-Harry, te juro que yo no le hice…

-¡No me importa! ¡Solo vete de aquí, no quiero verte jamás en mi vida!… ¡LARGATE!

Ginny abrió la boca para replicar pero se detuvo al saber que nada de lo que dijera podría ayudarle en ese momento. Era mejor ya darse por vencida.

-¿Seguro que… eso es lo que quieres? –pregunto con un nudo en la garganta.

-Si –le contesto fríamente.

-En ese caso entrégame mi varita mágica

-Se la quedo Hermione –le contesto su hermano –Ginny… No tienes porque irte

-Claro que tiene que irse. –dijo Harry cruzándose de brazos.

-Basta Harry, ahorita estas enojado, no sabes lo que dices.

-Si quiere que me vaya me iré –dijo Ginny entre sollozos. Miro a Harry y pudo ver en su rostro que era la última palabra. Luego volteo a donde estaba Vanessa pero ella esquivo su mirada.

-¡Pues vete ya! –le grito nuevamente y ella pego un respingo.

-Solo una última cosa Harry… Perdóname por haberte amado tanto

-¿A eso se le llama amor? –susurro Vanessa pero fue un susurro que Ginny no escucho porque sin más, salió corriendo de la habitación.

-¡¡Ginny, espera!! –pidió Ron. –Eres un tonto Harry –le dijo a su amigo y después de lanzarle una mirada desaprobatoria salió para ir detrás de su hermana.

Harry cerró los ojos e inspiro hondo antes de volver a mirar a la chica de los ojos azul zafiro que tenia a lado suyo.

-¿Estás bien? ¿Por qué estabas tirada en el suelo?

-No me siento bien y no tengo ganas de hablar de eso ahora.

-Nunca tienes ganas de hablar de “eso”… Si me escondes algo mas, dímelo ahora.

-Te dije que quería privacidad ¿porque interferiste? Tenía todo bajo control.

-Sí, claro –dijo él con sarcasmo.

Ella bufo.

-¿Dónde está mi varita mágica?

-Se la quedo Hermione.

-Humm… Necesito ir a mi casa –dijo Vanessa pasando por su lado para salir de la habitación.

-Y yo necesito una explicación –añadió él que empezó a seguirla.

-Te he dado suficientes explicaciones por un día, confórmate con eso…. ¿Dónde estás Hermione? –pregunto mientras bajaba el último tramo de las escaleras pero al escuchar risitas provenientes de la cocina supo que era el lugar a donde debía ir.

Al entrar vio a la castaña sentada en una silla y sobre la mesa, arrodillada, estaba Melissa jugando con unos canarios que Hermione había hecho aparecer para entretenerla mientras los mayores arreglaban sus problemas.

-Hola princesa ¿te estás divirtiendo? –le pregunto

La niña asintió con la cabeza mostrándole el canario que había logrado atrapar entre sus pequeñas manitas

–Ese no es un peluche. Ten cuidado o lo puedes ahogar. –añadió pero en respuesta solo obtuvo otra risita traviesa. -¿Puedes entregarme mi varita? –dijo dirigiéndose nuevamente a la castaña que se la entrego de inmediato pero sin dejar de mirar a Harry con una gran interrogante grabada en el rostro.

-No logre alcanzar a Ginny –se escucho la voz de Ron que acababa de entrar a la cocina y al ver con que jugaba Melissa retrocedió un paso –¡Aleja esos pájaros de mi vista! –exclamo al recordar lo sucedido la última vez que la castaña los había conjurado.

-¿Para qué se preocupan por Ginny? Seguramente a de estar chillando con su mami –dijo Vanessa y Ron la miro entrecerrando los ojos

-¿Alguien puede explicarme que pasa? Primero viene Ginny llorando y pidiéndome su varita, luego Ron corriendo tras ella y después ustedes dos que bajan tan tranquilamente.

-Que te diga Harry, yo me voy… Mel, ven con mami, nos vamos a casa. –dijo Vanessa y con pesar la niña fue hasta sus brazos.

-Ahora eres tú la que no irá a ningún lado –amenazo Harry.

-¿Ah no? Mírame… -dijo ella con una sonrisa maliciosa –Y no puedes hechizarme con una pequeña en brazos…

Se dio la vuelta y se encamino a la chimenea. Melissa apoyo la cabeza sobre el hombro de su mamá y volvió a abrir y cerrar su manita en señal de despedida. Harry miro los diminutos ojos verdes de su hija que solo reflejaban tristeza por la nueva separación y se pregunto si esa misma expresión se reflejaba en su rostro.

Después de eso unas llamas verdes las envolvieron y desaparecieron de su vista.

-Vanessa sigue estando loca –susurro Ron.

-Harry, por favor tienes que decirme todo lo que ocurrió allá arriba, por cuidar a tu hija me perdí de muchas cosas, lo sé… No es que me molestara cuidarla, ella es un amor y tampoco es que sea chismosa pero…

-Que te diga Ron, Yo no voy a permitir que Vanessa vuelva a alejarse de mí y menos que me aleje de mi hija. –dijo al tiempo que como Vanessa se metía en la chimenea.

-¿Y bien? ¿Vas a contarme? –pregunto la castaña a su novio que dio un largo suspiro y se dejo caer en una de las sillas…

******

-¿Cuándo vede a papi ota vez? –pregunto Mel mientras su madre iba escaleras arriba.

-Muy pronto bebe, te lo prometo. –contestó Vanessa que miro como su hija se empezaba a tallar los ojos -¿Tienes sueño? Hoy no has tomado una siesta.

-No…

La niña bostezo y trato de negar con la cabeza. Vanessa dibujo una sonrisa, empezó a arrullarla y entró en la primera habitación del piso superior. Estaba decorada especialmente para Melissa con juguetes y peluches en una repisa, y con una cuna junto a la ventana. La acostó con cuidado y se quedo observándola. Sabía que era cuestión de minutos o incluso segundos para que Mel se rindiera.

-Duerme pequeña, duerme… -susurro Vanessa y de manera inconsciente se llevo la mano al brazo izquierdo.

Levanto la vista y miro por la ventana pero no para mirar los destellos anaranjados del atardecer que cubrían el horizonte y tejados de las casitas de enfrente. No, lo que veía era el tenue reflejo de su rostro pálido y delgado. Suspiro y dijo:

-Sabía que vendrías Harry…

Se dio la vuelta para verlo y fue hasta la puerta desde donde él la estaba observando.

-¿Por qué huyes de mi? –le pregunto mirándola a los ojos.

-No lo hago… Necesitaba venir a mi casa y lo hice… Aunque también quería un poco de privacidad para platicar contigo. Me canse de las interrupciones de Hermione y de los chistes tontos de Ron… Sígueme, vamos a nuestra antigua habitación. ¿Aun la recuerdas verdad? –dibujó una sonrisa y noto como el rostro de Harry se ruborizaba un poco –Si algo tengo que agradecerte de estos dos años es que hayas mantenido mi casa en pie. Eso me facilito muchas cosas cuando volví…

-Hacía mucho tiempo que no venía a este lugar. ¿Allá abajo hay un televisor?

-Oh si –dijo ella con una risita –Era para mantener contenta y entretenida a la chica muggle que cuidaba de Melissa; me desharé del aparato en cuanto pueda, nuestra hija aprende de todos y de todo lo que ve. No quiero que esos muggles le den ideas… -Harry no entendió el comentario pero decidió no hacer preguntas sobre el tema; había cosas mucho más interesantes que conocer…

Entraron a la habitación luego de caminar por el resto del estrecho pasillo y Harry vio que era igual a como lo había visto la ultima vez pero no se entretuvo mucho en recordar el pasado; observo a Vanessa que fue al rincón más lejano y señalando con la varita hizo aparecer una mesita sobre la cual había algunas pociones.

-Tuve que esconder mis objetos mágicos, no podía arriesgarme a que mi amiga muggle anduviera de curiosa y descubriera que había algo aun más extraño en mí.

Vanessa inspiro y tomo uno de los frascos cuyo contenido era de un color verde olivo.

-¿Para qué son? –pregunto Harry al ver que había más frasquitos con el mismo contenido.

-Créeme, no quieres saberlo… -le respondió la muchacha y de un trago se bebió la poción.

-¿Ahora si piensas decirme toda la verdad?

-Siéntate –dijo ella luego de quedarse pensativa por unos segundos.

El ojiverde obedeció y se acomodo en la orilla de la cama esperando que Vanessa se sentara a su lado pero en lugar de eso, se puso a caminar de un lado al otro visiblemente nerviosa.

-¿La verdad?

-Sí, toda la verdad ¿Cómo recuperaste la memoria, porque volviste y… que rayos paso en Grimmauld Place con Ginny?

-Harry, yo… -empezó la chica y lagrimas resbalaron por su rostro. Harry se preocupo ¿tan grave era que se ponía a llorar? –No sé como decírtelo pero lo hare… Harry… yo… me estoy muriendo…

Sus palabras tardaron mucho en llegar a la mente del hombre que tenia frente a ella. Vanessa parecía asustada ante la reacción que tuviese Harry, su respiración se volvió agitada y continuaban brotando lágrimas de sus inconfundibles ojos azul zafiro.

-¿Estas bromeando verdad? Vanessa, no estoy para que sigas jugando conmigo. –dijo Harry con severidad.

-¡¿Te parece que estoy bromeando?! ¡Pues no Harry! ¡ME VOY A MORIR Y MUY PRONTO!

La joven estallo en un lamento desesperado. Se llevo ambas manos al rostro y se dejo caer de rodillas donde continuo llorando a todo pulmon. Harry no sabía qué hacer. Su mente se rehusaba a aceptar lo que ella le acababa de recalcar pero no podía dejarla ahí, sola y llorando en el piso. Se arrodillo frente a ella y solo la abrazo con fuerza por la cintura al sentirse incapaz de darle una palabra de aliento. Un nudo repentino en la garganta se lo impidió.

-Me voy a morir Harry, me voy a morir… -repitió una y otra vez entre sollozos

La joven correspondió el abrazo de Harry apoyando la cabeza sobre su hombro y rodeando su espalda con los brazos. Era la primera vez desde hacía más de dos años que se abrazaban de aquella manera. La primera vez que estaban realmente juntos aunque el ojiverde deseo que aquel abrazo se hubiese dado en otras circunstancias…

Vanessa siguió llorando por unos minutos más y una vez calmada se separo de Harry y limpio las lagrimas con la manga de su blusa.

-Perdóname por habértelo dicho de esta manera. Me estuve preparando las últimas semanas para decírtelo de una forma menos brusca, menos dolorosa pero… no es fácil manejarlo.

-Lo que me has dicho aun no tiene sentido ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto cuando pienso que acabo de recuperarte?

-Voy a contártelo todo y sabrás como eso tiene relación con lo que tanto ansias saber –dijo la joven y cruzo las piernas para sentarse y tener una posición más cómoda.

Enlazo sus manos con las de Harry y lo miro a los ojos antes de iniciar…

Unos meses después de que Melissa nació los recuerdos empezaron a llegar a mi mente como simples borrones del pasado. Algunos me daban miedo y quería desterrarlos de mi cabeza pero sabes que son de las pocas cosas que una persona puede controlar a voluntad.

Confiaba en que los sanadores y las pociones que me daban para recobrar la memoria surtieran el efecto esperado. Fue una recuperación muy lenta pero yo mantuve el silencio. Era mejor esperar a que todas las piezas del rompecabezas estuvieran unidas a emocionar a unos cuantos con los pequeños flashbacks de mi vida.

Hace seis meses lo recordé todo y no repetiré lo que ya te dije; me rehusé a volver para quedarme en el hospital donde de vez en cuando ayudaba a los sanadores con los magos o brujas que llegaban pero en otras ocasiones ellos debían ayudarme porque no me sentía bien. La herida que me había hecho Bellatrix nunca sano por completo y con cualquier roce sentía que me moría y quemaba por dentro; fue ahí cuando supe que el momento de hacer las preguntas había llegado. Pregunte a la anciana sanadora que cuidaba de mi el porqué de todo aquel malestar pero nunca obtuve respuestas hasta hace tres meses que una joven brujita tuvo que reemplazarla:

-Hola señora, ¿Cómo está hoy? Ya le he traído sus pociones. Recuerde que debe beberlas todas para que se sienta mejor. –me dijo.

Yo obedecí pero era una brujita que hablaba demasiado y decía cosas que no tenía que decir. Fue toda una suerte que no me desesperara y la corriera porque lo que me dijo cambio el rumbo de mis pensamientos por completo.

-Es una lástima que siendo usted una mujer tan bonita tenga que morir tan joven… -se me helo la sangre al escucharla y sentí como si mil cuchillos me atravesaran el corazón.

Me quede congelada y espere a que ella dijera todo lo que tenía que decir.

–Como ya sabe estas pociones son para mantenerla con nosotros el mayor tiempo posible aunque eso implique no ayudarla a recuperar la memoria pero… ¿Qué prefiere, tener recuerdos o vivir lo suficiente para cuidar de su hija? Yo hubiese tomado la misma decisión que usted… vivir lo mas que se pueda –muy quitada de la pena la chica me sonrió y yo seguía congelada. Los sanadores nunca me habían administrado pociones para la memoria, todo era para mantenerme viva.

-Y… ¿Por qué moriré? –pregunte casi en un susurro. Si era verdad lo que me decía tenía que existir una muy buena razón –Mi memoria no es buena aun, ya no lo recuerdo.

-Pues según el historial, tiene que ver con la maldición imperdonable que recibió en el brazo. El hechizo la rozo demasiado, falto poco para que fuera mortal. Así que la está matando lentamente. Nosotros solo retrasamos lo inevitable. He seguido su caso desde que llego a San Mungo; la mayoría de los sanadores apostaba que usted moriría en el parto de su hija pero mírese, aun sigue con vida –y volvió a sonreírme como si habláramos del clima o de que alguien tenía pegada una escoba a la cabeza por un hechizo mal realizado –¿Es feo no señora? Saber que morirá y no poder hacer nada para detenerlo…

Ese fue uno de los momentos más crueles que he pasado en mi vida y creí que había escuchado suficiente pero aun faltaba más.

-¿Sabe que es lo que más me gusta de usted Sra. Yalek?

-No

-Pues que se toma las cosas muy a la ligera, como si no pasara nada. Esa fortaleza es digna de reconocimiento. Supongo que ya está más tranquila al saber que no tiene que preocuparse por Melissa… –continúo y dirigió la vista a mi niña que dormía plácidamente junto a mí y en eso mas cuchillos me atravesaron el corazón ¡Mi hija! pensé y sentí miedo de verdad. –Escuche que ya le están buscando un hogar para cuando usted muera… Melissa estará bien sin usted –volteo a verme y a sonreírme cínicamente. Esa chica no tenía idea que yo desconocía toda esa información porque de lo contrario lo hubiese dicho de otra manera o quizá no lo hubiera mencionado. Todos los de San Mungo sabían que moriría menos yo –Debo atender a otros pacientes, se le ofrece algo más?

Negué con la cabeza pero una pregunta asalto a mi mente.

-¿Cuánto…? -mi voz sonó tan rasposa y entrecortada que tuve que carraspear para aclararla. -¿Cuánto tiempo me queda de… vida? ¿Por qué usted si lo sabe verdad? a mí… a mi no me lo han querido decir

-Oh, eso no podría decírselo con exactitud… ¿seis? ¿siete meses? –se encogió de hombros –Siendo muy optimistas un año más. La vamos a extrañar cuando eso pase pero mientras tanto, que tenga un buen día…

Y se fue dejándome sola y con una enorme preocupación. En los siguientes días me encargue de investigar que la información fuera cierta y cuando lo comprobé me propuse dejar el hospital pero no quisieron dejarme ir por las buenas me decían “Usted dijo que iba a quedarse con nosotros y tiene que cumplirnos”. Yo explote contra ellos muchas veces y de ahí la teoría de que me había vuelto completamente loca pero tenía que marcharme y volver…

-Hace tres semanas provoque una gran distracción en el hospital, hice aparecer una gran nube de humo en el cuarto piso y los que me vigilaban las veinticuatro horas del día tuvieron que dejar de hacerlo. Me fugue del hospital con mi pequeña pero obviamente no a todos les gusto mi partida pero no porque de verdad les preocupara yo… Lo que les preocupaba era dejar a mi hija conmigo sabiendo el destino que me esperaba, que aun me espera –dijo Vanessa con la voz entrecortada.

-¿Así que por eso volviste? –pregunto Harry y ella asintió con la cabeza.

-Si alguien debe cuidar de Melissa cuando yo no este es su propio padre ¿no crees? No estaría bien que un completo desconocido se hiciera cargo de ella.

-Vanessa… ¿estás segura de lo que me has dicho? No existe la posibilidad de que todo sea un error. Aun me parece ilógico.

--Estoy segura Harry.

-Es como si el destino se empeñara en separarnos y no vernos felices. Eso es muy injusto

-Lo sé pero –ella suspiro - … prométeme que cuidaras bien de Melissa.

-Te lo prometo pero por ahora no pienses en eso –le dijo el mirándola a los ojos y tomando su rostro entre las manos.

-La vida es tan fugaz… -susurro Vanessa pasados unos segundos y sin darse cuenta se fueron acercando más y más. Vanessa cerró los ojos para dejar que las lágrimas se deslizaran por su mejilla. Harry quería besarla y sentía que la chica quería lo mismo al permitirle tal acercamiento. Ambos podían sentir el dulce aliento que les rozaba la piel, el mismo hormigueo que habían sentido con el primer beso, ellos a pesar del tiempo y de todo lo que les sucedió se seguían amando. –Te sientes tan feliz y de pronto…

-… En un segundo todo cambia… –término Harry la frase por ella y se acerco los últimos milímetros que le faltaban para que sus labios se unieran.

Sin embargo, en ese preciso momento Vanessa se hizo para atrás bruscamente. Harry desconcertado la miro. No entendía como un momento como ese se hubiera arruinado. “Con lo cerca que estaba” pensó La miro a los ojos y la chica lo observaba con gesto ceñudo, como si estuviera… ¿molesta?

-Leíste mi diario –dijo ella con los labios apretados.

-¿Qué? –pregunto Harry que al principio no entendió y después recordó que la frase que él había repetido unos segundos atrás la había leído una y otra vez en un pequeño libro plateado. -¡Oh!

-¡Leíste mi diario! ¡¿Cómo pudiste? ¿Dónde está? yo se que lo tienes, ¡devuélvemelo! –exclamo la chica que se puso de pie de inmediato no sin antes hacer el ademan de querer golpear a Harry pero se contuvo.

-Tranquila –dijo el ojiverde que también se puso de pie –Lo recupere de la mansión. Se supone que tú estabas muerta; yo tenía que conservar algún recuerdo tuyo así que no te enojes. De a ver sabido lo hubiera dejado ahí.

-Lo siento Harry, pero siempre fui muy celosa con mis cosas. ¿Me lo puedes devolver?

-Está en Grimmauld Place, acompáñame por el

-Puedo acompañarte a la chimenea; prefiero esperar a que me lo traigas… Recuerda que quiero un poco de privacidad. –le dijo.

El muchacho asintió con la cabeza y salió de la habitación. Vanessa lo siguió y se quedo parada frente a la habitación de Melissa. Harry se percato y volvió con ella.

-¿Qué sucede? –le pregunto.

-En julio será su cumpleaños y ni siquiera sé si estaré aquí para celebrarlo –le respondió con voz estrangulada. –El 31 de julio es el mejor día para nacer ¿no crees? –le dijo dibujando una débil sonrisa en su rostro para apaciguar las cosas y que Harry no se preocupara más de lo que debía.

Él también sonrió contento de que su pequeña compartiera la misma fecha que el aunque no muy seguro de que esa expresión fuera lo correcto a como estaban las cosas.

-¡Anda ya por mi diario! –le ordeno al muchacho que dio un respingo y bajo rápidamente las escaleras.

-No tardare nada –le dijo antes de desaparecer entre las llamas verdes.

Y lo cumplió.

Harry no tardo más de dos minutos en volver a la casa. Apenas y le había dado tiempo a la chica de terminar de bajar los escalones y sentarse en el sofá cuando apareció nuevamente con una caja de madera entre las manos.

-Vaya, de verdad eres rápido –dijo la joven extendiendo las manos para que Harry le entregara la caja.

El ojiverde asintió con la cabeza pero no respondió porque el ir corriendo lo había agitado demasiado.

Se sentaron colocando la caja de madera en medio de ambos. Vanessa comenzó a sacar uno a uno sus recuerdos dibujando una sonrisa cada que veía alguno y pasados unos minutos dijo:

-No recordaba que había guardado esto aquí.

Abrió una cajita negra y alargada dentro de la cual estaba una cadenita dorada con tres colgantes en forma de corazón (un zafiro, un rubí y una esmeralda). Harry observo la joya y volvió a sentir la misma curiosidad que el día en que lo había visto la primera vez.

-¿Quién te lo dio? Es un collar muy bonito.

-Snape… mi… mi papá. –le respondió la joven. La palabra “papá” aun le era difícil de decir. -¿Puedes sostenerlo un momento? –le pidió dándole el collar para ponerse de pie y esculcar entre sus bolsillos.

Harry la miro atento y cuando Vanessa encontró lo que buscaba vio que era un collar idéntico al que Harry sostenía.

-Snape me dijo que confiaba en mí para que los guardara pero que los collares nunca debían estar juntos.

-¿Por qué?

Ella se encogió de hombros

-No lo sé. Solo me dijo que con esos collares había cometido el error más grave de su vida.

-El error más grande de tu padre fue decirle a Voldemort sobre una profecía que nos involucraba a ambos. Por culpa de Snape mis padres murieron. El darle esa información provoco que Voldemort les diera caza. Él podía ser igual de cruel que Bellatrix, no tienes ideas de lo que me hizo pasar.

-Deja a mi padre en paz. Si quieres difamar a alguien por qué no lo haces con la urraca de Lestrange –en eso le arrebato el collar -¿Aun sigues preguntándote quien te hizo perder la memoria? Recuerdo que morías por saberlo.

-Sí, un poco –respondió dirigiendo la vista a las joyas -Son muy bonitos e inofensivos, no sé porque Snape te dijo eso. Tal vez y como Voldemort, él tenía problemas con las cosas brillantes.

-Pues el ya no está y dudo que venga de la tumba a decirme lo que debo hacer o no. –dijo la chica encogiéndose de hombros.

Coloco los colgantes de los collares uno frente al otro mientras estos reposaban en la palma de su mano. Los levanto a la altura de sus rostros y ambos miraron para ver lo que sucedía cuando de repente…

-¡Buu! –exclamo la muchacha moviendo la mano rápidamente a donde estaba Harry. Este dio un salto y por poco se caía al suelo. –Jajaja –estallo la muchacha al ver el susto que le había dado.

-Graciosa –dijo Harry entrecerrando los ojos. –Solo me engañaste ¿verdad? Esos collares no hacen nada.

-Fue cierto lo que te dije –replico ella aun con una sonrisa en los labios –Pero no sé qué es lo que hacen o si se necesita un hechizo para que funcione. Quizá y por todo este tiempo se han descompuesto.

-¿Dijiste que con eso Snape cometió un error? –volvió a preguntar con escepticismo a pesar de conocer la respuesta.

Volvieron a poner los collares juntos de modo que el colgante de cada color estuviese frente a su igual pero no paso nada.

-De acuerdo, Snape me engaño –dijo la chica mirando a Harry.

En eso un resplandor llamo su atención. Los corazones empezaron a brillar y su luz iba aumentando. Ambos se quedaron boquiabiertos al ver el precioso destello azul, verde y rojo que al final se volvió una luz tan brillante, que los cegó por unos segundos.

Al abrir los ojos ya no estaban en la acogedora sala de Vanessa, si no en un callejón oscuro, solitario y frio.

-¡Por Merlín! ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?

-Creo que es el Callejón Knockturn… -dijo Harry tratando de reconocer el lugar –Genial, Snape te heredo un bonito y poco útil traslador –bufo.

-No se… Un traslador no es una cosa por la cual se preocupara de esconder. Debe haber algo mas… ¡Shhh, alguien viene! –susurro y jalo a Harry para que se pegara a la pared y así no ser descubiertos.

A unos treinta metros de donde ellos se encontraban apareció un joven de aspecto abatido y agitado. Miraba el suelo de forma pensativa, con varita en mano y luego por inercia levanto el rostro.

-¡Oye, ese soy yo! ¿Esto es… es el pasado? ¡Es imposible!–exclamo Harry a Vanessa pero ella solo le indico que guardara silencio.

El Harry que estaban viendo se dio la vuelta y tres hechizos le golpearon la cabeza dejándolo inconsciente.

-Vaya, te pegaron duro –susurro Vanessa.

De las sombras emergieron tres figuras, entre ellas Bellatrix Lestrange que parecía muy satisfecha de lo que había hecho.

-¡Ahí está esa maldita bruja, deja voy a darle su merecido! –exclamo Harry y salió del rincón donde estaba escondido.

-¡Espera! –le susurro la muchacha y lo jalo del brazo obligándolo a entrar en uno de los viejos establecimientos que a causa de los mortifagos se habían cerrado.

-Déjame matarla de una vez

-No voy a permitir que salgas de aquí y vayas a enfrentarte a… -corto la frase y cambio de tema –Ahora empiezo a entender lo que dijo Snape del error de su vida. Utilizo esto para regresar al pasado y obtener lo que quería pero ¿Cómo es posible? Según yo, no es posible regresar tanto, ni siquiera con los giratiempos.

-Los giratiempos ya no existen

-Eso no importa… Dime, ¿en que estabas pensando cuando pusimos los collares juntos?

-Pues pensaba en todos los errores que he cometido en mi vida, lo que dijiste sobre Snape me dio mucho en que pensar y uno de esos recuerdos fue este. Siempre he pensado que irme de Grimmauld Place aquel día fue uno de los mayores errores de mi vida. Si yo no hubiera estado en este lugar Bellatrix y los otros dos no me habrían hechizado y separado de mis amigos. Ahora que descifraste el misterio deja voy por Bellatrix antes de que se marchen conmigo.

-Harry –dijo Vanessa tomándolo por el brazo. -¿También consideras un error el haberme conocido?

-Yo…

-Seamos honestos, si sales y haces alguna estupidez, el presente que conoces no va a existir. ¿Estás consciente de eso, verdad? ¿Y sabes el revuelo y problemas que causaría que ellos te vieran aquí cuando acaban de hechizarte?...

-Conocerte no fue un error, de hecho, es lo mejor que me ha sucedido en la vida.–dijo Harry.

Ella se quedo quieta por un instante al escucharlo. “Qué manera de cambiar de tema” pensó

–Vanessa, yo aun te amo…

La joven trato de articular palabra para darle una respuesta a lo que le decía pero no salió nada más que tartamudeos. Harry se acerco y sin esperar a que le pudiera decir algo (si es que lograba hacerlo), la beso.

Vanessa correspondió de manera apasionada, le rodeo el cuello con los brazos y aquello duro no menos de un minuto.

-Vaya –dijo ella avergonzada y separándose de Harry cuando se dio cuenta de que no era el lugar ni el momento adecuado para demostraciones de amor. –Estee… necesitamos encontrar la forma de salir de aquí. Ojala y Snape mínimo hubiese dejado un instructivo.

-Oye, se me acaba de ocurrir algo –dijo Harry y Vanessa lo miro escudriñando los ojos para tratar de adivinar que pensamientos cruzaban por la mente del ojiverde. -¿Por qué no utilizamos esto para cambiar el pasado?

-No –contesto rotundamente.

-No cambiar mi pasado… Cambiar el tuyo –dijo observando sus ojos azul zafiro. Espero a que ella volviera a replicar pero como no añadió nada continuo –Mira, si por lo menos pudiéramos evitar que Bellatrix te hiriera, si existiera una forma de cambiar eso tu no estarías en peligro de muerte ahora.

Ella entreabrió la boca al comprender que es lo que el muchacho trataba de decirle pero pasados unos segundos volvió a repetir:

-No…

-Piénsalo Vanessa, piensa en mí y en ti… juntos. Piensa un poco en Melissa, ¿no te gustaría verla crecer?

Vanessa guardo silencio sin dejar de mirar los ojos verdes que a gritos le suplicaban que aceptara la idea pero no sabía que decir o que pensar. ¿Qué era lo mejor?, ¿Tratar de cambiar su pasado o aceptar el destino fatal que le esperaba?

viernes, 23 de enero de 2009

CAPITULO 8 SE PARECE A TI

CAPITULO 8 SE PARECE A TI

-¡Ey! ¡¿A dónde crees que vas?! –exclamo Vanessa antes de que Harry se decidiera a salir de la casa o simplemente meterse a la chimenea.

-A buscar a mi hijo.

-¡Tu no vas a ningún lado! –grito Vanessa -¡Impedimenta!

Al instante Harry fue impulsado por una fuerza hacia atrás y cayó al suelo.

-¡Auch! –dijo Ron al ver que Vanessa empleaba la mano fuerte con Harry.

-No creo que eso fuera necesario –dijo Hermione.

-¡Quiero conocer a mi bebe Vanessa! –exclamo Harry poniéndose de pie y Vanessa hizo una expresión de incredulidad que al segundo siguiente se endureció.

-“Nuestro”, que no se te olvide. Vas a conocer al bebe pero tú te quedas aquí. Todos ustedes se quedan aquí. ¿Me han entendido? –les dijo con tono amenazador. Imposible no obedecerla. –Iré por la criatura y la traeré aquí.

-Yo quiero acompañarte –dijo Harry con esperanzas de convencerla. La idea de ser papa se había intensificado en los últimos cinco minutos y no quería esperar ni un segundo más para reclamar sus derechos como padre.

-Y yo no quiero que me acompañes. Esperaras aquí y punto. –volvió a ordenarle.
Harry abrió la boca para replicar pero en eso una musiquita que se empezaba a hacer muy familiar empezó a sonar de entre las ropas de Vanessa. Ella con la mano libre busco el teléfono móvil mientras que su otra mano sostenía la varita mágica con aire amenazador directo a los otros.

Después de unos segundos de rebuscar en sus bolsillos suspiro observando el numero, carraspeo la garganta y dibujo una sonrisa antes de contestar.
-¿Diga? –dijo la joven mirando al ojiverde.

Harry al escucharla entreabrió la boca sorprendido de escucharla y no solo él estaba sorprendido, Ron y Hermione tenían las mismas expresiones comprendiendo al fin porque no habían reconocido la voz de Vanessa unas semanas atrás. Su voz ahora sonaba mucho más dulce y relajada pero sin llegar a lo infantil. La chica sonrió y siguió hablando por teléfono.

-Sí, ¿Qué es lo que pasa?... –pregunto Vanessa a su interlocutor y miro nuevamente a Harry que esta vez parecía más dispuesto a descifrar lo que la chica hablaba por teléfono. –No, ¿Por qué?... ¿Por qué? –volvió a preguntar con un ligero tono de angustia.

Todos en el vestíbulo se mantenían callados y observándola con detenimiento. Era una lástima para Harry que en ese momento no tuvieran las orejas extensibles de los gemelos Weasley, quizá y con mucha suerte lograría escuchar lo que ella y la otra persona hablaban

-¿A qué te refieres con cosas extrañas?... –prosiguió Vanessa frunciendo el ceño y cuando según Harry le contestaron se llevo una mano a la frente y movió negativamente la cabeza como si se arrepintiera de algo.

Vanessa suspiro y se quedo callada por un momento más. Sin duda alguna se trataba de malas noticias, aunque Harry no pudiera oír toda la conversación él sabía que tenía la razón.

-Mira, ya voy en camino, dame de 10 a 15 minutos y estaré ahí… No, ya no. ¿Puedes darle el teléfono?

Cuando Harry escucho esto abrió mucho los ojos porque supo que se refería a su bebe. Lentamente avanzo a donde estaba Vanessa que le lanzo una mirada asesina y aunque ella no le dijera nada la advertencia estaba clara: “Aléjate de mí y del teléfono”

-Hola mi amor ¿Cómo estás? –pregunto Vanessa y nuevamente dibujo una sonrisa en los labios.

La curiosidad de conocer a su hijo estaba matando a Harry, estaba más que ansioso, la emoción que antes le había recorrido el cuerpo ahora solo se concentraba en su estomago y le parecía de lo más injusto que Vanessa aun no le permitiera conocer a su hijo o hija. Tal vez tuviera que esperar más tiempo para verle (10 o 20 minutos) pero mínimo se conformaría con escuchar su voz. Sin pensarlo dos veces avanzo y velozmente le arrebato el teléfono a Vanessa pero no se conformo con eso, si no que saco su varita mágica y le apunto a la chica para que no se atreviera a quitarle el gusto de oír la voz del bebe.

Ella por su parte estaba indignada de lo que Harry le había hecho, incluso parecía confundida de que el muchacho le quitara el teléfono tan rápido y que sus reflejos no fueran tan rápidos como para impedírselo.

-¡Holabebesoytupapa! –dijo Harry de forma atropellada tratando de aprovechar el poco tiempo que tenía antes de que Vanessa explotara y le quitara el teléfono.

-¿Le entendiste? –pregunto Ron a Hermione tan bajo que ni siquiera la castaña lo escucho. O pudo ser que lo escucho pero estaba tan concentrada en la escena que no quería perderse de nada.

-Dame el maldito teléfono ahora mismo –exclamo Vanessa extendiendo la mano para que Harry se lo devolviera pero él vilmente le dio la espalda.

Ella vencida se acerco más para poder escuchar lo que hablaran porque iba a ser imposible quitarle el artefacto muggle a Harry hasta que tuviera la primera charla con la criatura.

-¿Hola? –pregunto Harry un segundo después de que no obtuviera respuesta. Luego de eso se giro para mirar a Vanessa que tenia la misma expresión de confusión que él. Ambos se preguntaban porque nadie contestaba. -¿Cómo se llama? ¿Es un niño o una niña? –pregunto el ojiverde a Vanessa.

Ella no le contesto.

-¿Hola?... Bebe, soy tu papá. Por favor, ¿puedes decir hola?

Pero nadie respondió, todo se mantuvo en silencio hasta que de repente:

-¡AHHHHH!

Se escucho un grito por el auricular. Una vocecita infantil y aguda que no gritaba de terror sino más bien un grito de emoción tan fuerte que era capaz de ensordecer a cualquiera. Harry se asusto y tuvo que despegárselo de la oreja para que no le reventara los tímpanos.

Y esa pequeña distracción la aprovecho Vanessa para quitarle el teléfono de las manos y dio muchos, pero muchos pasos hacia atrás para que no ocurriera lo mismo.

-Cariño, soy mami ya no grites… Si, era él... Escúchame por favor, en unos minutos iré por ti para que vengas a conocerlo, pero necesito que te portes bien y ya no hagas travesuras ¿entendido?

Luego de eso la forma de conversación de Vanessa cambio un poco solo para decir las frases “Pues dáselo” y “Si, si, ya voy. Adiós”. La joven colgó el teléfono y miro a Harry que seguía con una mano en la oreja por el grito que acababa de recibir.

-Vaya que ese bebe tiene pulmones –dijo Ron burlándose de su amigo que solo refunfuño

-Bien, ahora iré a mi casa. Prometo no tardar. –dijo Vanessa de nuevo con su voz normal.

-Yo quería hablar con el bebe. –le recrimino el ojiverde.

-Lo siento Harry pero perdiste tu oportunidad –le respondió la chica con una sonrisa sacando de sus bolsillos unos lentes oscuros y una gorra.

-¿Así que ahí guardas tu disfraz?

–Aja, aun no se me ha quitado la costumbre de guardar muchas cosas en los bolsillos… ¿Me veo genial no crees? –pregunto después de colocarse los lentes y ocultar su negra cabellera bajo la gorra.

-¿Para qué te lo pones si ya no tienes que esconderte de nadie?

-Oh claro que tengo que esconderme –continuo ella riéndose por lo bajo como si recordara algo divertido y se acerco a Harry –Tengo que esconderme de sanadores de San Mungo –le susurro al oído y de nuevo Harry frunció el ceño confundido al igual que Ron y Hermione pero Ginny no se movía ni hablaba ni cambiaba su expresión, era evidente que conocía mucha más información que los otros

-Descuida Harry, te lo explicare mas tarde. –le dijo Vanessa sonriente. Ya no quedaba rastro de su anterior disgusto con Harry pero no le sorprendió a nadie. Era normal que Vanessa tuviera esos repentinos cambios de humor pero Harry lo hecho todo a perder cuando dijo:

-Déjame ir contigo.

-¡Que no! –exclamo tomando el pomo de la puerta. –Y más te vale que no te atrevas a usar la chimenea. Ya te explique que hay una muggle en mi casa y que por cierto está muy asustada así que no me vayas a complicar las cosas. ¡Te lo advierto!

-¿Asustada porque? –pregunto el muchacho pero ya no obtuvo respuesta puesto que Vanessa salió de la casa sin dejar que el terminara la frase.

Ron y Hermione se acercaron a él luego de unos segundos en los que el ojiverde se quedo plantado como tonto a medio vestíbulo.

-Genial Harry, eres papá –dijo Ron dándole palmaditas en la espalda a su amigo para ver si con eso reaccionaba del ensimismamiento en que había entrado.

-Oh si, muchas felicidades Harry –dijo Hermione dándole un fuerte abrazo a su amigo.

-¡Sí! –exclamo de repente abrazando más a su amiga. –Soy papá, ya quiero conocerle. ¿Se dan cuenta? Ella está viva y ¡tengo un hijo! –continuo emocionado, nervioso y hasta frotándose las manos por la noticia -No sé porque Vanessa tarda tanto en traerlo.

-Harry, ella acaba de irse –dijo el pelirrojo poniendo los ojos en blanco al tiempo que su amigo buscaba con la mirada el reloj para asegurarse de que Vanessa no tardara más de lo que había dicho por el teléfono pero sus ojos se cruzaron con la mirada de la mujer que tan solo unas horas atrás había considerado una blanca palomita incapaz de cometer un crimen.

-Harry, yo… -dijo la pelirroja con voz nerviosa dando un par de pasos al frente para salir del rincón donde se había mantenido aislada hasta ese momento.

-¡No te me acerques! –le amenazo él. -¡No quiero escuchar tus escusas para remediar lo que has hecho! Me privaste de la felicidad de estar con Vanessa por tu capricho y también por tu culpa no conocí a mi bebe cuando era tiempo.

-¡Yo ni siquiera sabía que estaba embarazada! Si yo lo hubiese sabido… ¡Hermione y Ron tienen la culpa de eso! –chillo ella.

-No me dirijas la palabra si no quieres que pierda la paciencia y diga lo que te mereces –bramo y olímpicamente le dio la espalda no sin antes lanzarle otra mirada a Ron y Hermione –Ahora solo quiero pensar en mi hijo…

Ella se puso a sollozar y se sentó en la orilla de la escalera. El ojiverde se quedo parado frente a la puerta a esperar y Ron y Hermione creyeron que por ese momento era mejor acompañar a la pelirroja.

-Necesito que Harry me escuche –les susurro

-Sera mejor que por ahora lo dejes tranquilo hasta que se le pase un poco el enojo.

-Y tiene razones para estar enojado –dijo Ron que también parecía molesto.

-¿En qué estabas pensando cuando lo hiciste?

-¡No sé, solo lo hice y ya!

- De verdad debiste pensar en las consecuencias que esto te traería.

-Te ganaste el odio de Harry de por vida y un buen sermón por parte de mama porque créeme que en cuanto se entere se pondrá furiosa.

-No me refiero a ese tipo de consecuencias Ron. Hay algo mucho peor que eso.

-¿Qué cosa puede ser peor que eso Hermione? Nada puede ser peor que perder a Harry.

-¿Azkaban? –declaro.

Los dos pelirrojos se miraron entre si y luego con una mayor confusión volvieron a mirar a la castaña que dijo:

-Ginny, si a Vanessa se le ocurre denunciarte ese es el lugar donde puedes terminar –la pelirroja se llevo ambas manos a la boca para tratar de ocultar un gritito ahogado al comprender lo que Hermione trataba de explicarte –Existen pruebas de lo ocurrido, tú misma no puedes negar que lo hiciste, ahora nosotros somos testigos porque también lo sabemos. Si por lo menos existiera una forma de interceder pero ni cómo ayudarte. Todo te señala Ginny y pues… entre tú y Vanessa las cosas nunca han estado bien y menos ahora.

-Hermione tiene razón. Conociéndola tratara de vengarse por lo que le hiciste y para fastidiarte… ¡Te meterán en Azkaban!

-Tienen que ayudarme, convercerlos de que no me hagan nada –suplicó la muchacha.

-¿De qué están hablando? –pregunto Harry al notar las nuevas expresiones de sus amigos que en un principio solo susurraban y ahora hablaban en un tono más alto.

-Nada Harry –se apresuro a contestar Hermione –¿Ya estas más calmado?

-En realidad no. La incertidumbre me está volviendo loco. Ni siquiera sé si tengo un hijo o una hija pero eso es lo que menos me importa

-Me imagino cómo te sientes, es decir, de la noche a la mañana tu vida ha cambiado muchísimo.

Pasaron unos minutos más en los que Harry siguió caminando de un lado al otro mientras que los demás no dejaban de cuchichear sobre el posible futuro de la pelirroja hasta que llamaron a la puerta. Harry nerviosamente la abrió y entro Vanessa que tenia dibujada una sonrisa en los labios. Se cerró la puerta tras ella y el muchacho noto un pequeño bulto se acurrucaba en los brazos de ella.

-Se marea con la aparición conjunta –fue lo primero que dijo mientras esperaba a que Ron y Hermione se acercaran mas. La pelirroja como en las últimas horas mantenía su distancia –Cariño, ya llegamos. Descubre tu carita. –le dijo a la pequeña criatura que tenia ambas manos sobre su rostro.

Obedeció a su madre y dejo ver a una pequeña niña que miraba a todos los presentes con gran gesto de curiosidad.

-Vaya, se parece a ti –dijo Ron

-¿A mí? –pregunto Harry en un susurro y con cara de tonto.

-Me refería a Vanessa, Harry. Es igual a ella aunque su piel no es tan blanca como los fantasmas. –dijo Ron y Vanessa soltó un gruñido.

-No se Ron, mírala bien –dijo la castaña –También tiene rasgos de Harry.

La pequeña se incorporo un poco pero sin dejar de aferrarse a su madre. Tenía el cabello cuidadosamente acomodado con una diadema, estaba ligeramente ondulado y de un color negro azabache que apenas le llegaba a los hombros. Su piel era de tez blanca tal y como en un pasado (que ahora parecía muy lejano) había sido la de su mama. A simple vista era una Vanessa en miniatura, una réplica exacta en todas sus facciones; su nariz, su boca y hasta la misma forma de fruncir el ceño era igual a ella pero existía un pequeño detalle con el cual Harry no podía negar que era sangre de su sangre. Los ojos de la niña no eran azul zafiro como la joven si no verdes esmeralda como los de Harry que hacían juego con el bonito vestido que traía puesto.

Padre e hija se miraron. Él estaba fascinado, no tenía idea de que decir. Tener enfrente a lo que ahora consideraba la criatura más bella y perfecta lo había dejado mudo y medio atontado pero alguien tenía que romper el silencio que empezaba a formarse y fue la pequeña que extendió su manita a donde Harry se encontraba.

-¿Edes mi papi?

-Si princesa, ¿Cómo lo sabes? –preguntó lleno de emoción y extendiendo los brazos para que Vanessa dejara que la cargara. Ella cedió y en cuanto la niña estuvo en los nuevos brazos colocó sus suaves manitas a ambos lados del rostro de Harry.

-Le dije que su papá iba a ser el de lentes y el que tuviera más cara de tonto al conocerla.

Ron estallo en carcajadas igual que Hermione pero a Harry no le gusto tanto el chiste.

-¡Ahhh! –grito la pequeña como cuando en el teléfono y moviéndose de arriba abajo en los brazos de Harry

-¡Shhh! –exclamo Harry al no comprender. -¿Por qué grita?

-Solo está un poco emocionada –índico la joven que se quito los lentes y gorra que aun portaba para cruzarse de brazos con expresión divertida por la escena que Harry tendría que soportar.

-¿Cómo te llamas princesa? –pregunto Hermione por encima del grito agudo tomando su manita para captar la atención.

La niña se quedo callada y miro a su mama antes de responderle como si pidiera su aprobación para confiar en los que se encontraban allí. Vanessa suspiro y asintió con la cabeza no sin antes hacer una presentación más adecuada.

-Tu papá se llama Harry, ellos son Ron y Hermione, tus padrinos –dijo la joven mirando a la pareja que se quedo sorprendida por lo que Vanessa decía. –Y… bueno, ella solo es Ginny.

Los ojos de la niña centellaron y empezó a abrir y cerrar su manita en señal de saludo.

-¿Y bien? ¿Cómo te llamas?

-Me-i-sa –dijo la niña separando las silabas y con vos fuerte para que todos la escucharan.

Vanessa se rio bajito y dijo:

-Se llama Melissa, pero no pidan una pronunciación perfecta para una pequeña que tiene poco más de año y medio de edad. Lo que aun no sé es si se llama Melissa Prince, Burnett o Potter –concluyo y su gesto volvió a ponerse serio.

-Es una Potter –susurro Harry sin darse cuenta que todos lo miraban y después de un abrazo, besó ambas mejillas de su hija.

-¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papi! –canturreo la niña sin dejar de moverse convulsivamente en los brazos del ojiverde.

-Tranquila mi amor, ahora ven conmigo o le darás dolor de cabeza a tu padre.

-¡NO! –exclamo Melissa y por un momento a todos les pareció que Vanessa lo había pronunciado sobre todo por el tono posesivo con el que había gritado –¡Papi mío! –dijo aferrándose al cuello de Harry.

-Y tú eres mía, princesa.

-¡Nuestra! –dijo Vanessa arrastrando las palabras. –Ven conmigo Mel, ya tendrás tiempo de jugar con tu papá.

La niña negó con la cabeza pero luego ante la insistencia volvió a los brazos de su mama.

-Harry, aun tenemos mucho de qué hablar –dijo Vanessa –Y si no les importa prefiero que lo hagamos en el salón. No es de buen gusto tener conversaciones a mitad del vestíbulo.

Los presentes estuvieron de acuerdo y uno tras otro volvieron al salón para retomar la conversación que habían dejado pendiente. Cada uno volvió a sentarse en los sofás que antiguamente ocuparon y después la plática se reanudo hasta cerrar una negociación con la hija de Harry en la cual aceptaba quedarse calladita mientras los adultos platicaban a cambio de quedarse en los brazos del ojiverde y no en los de su mamá.

-¿Qué paso luego de que Ginny fue a verte en el hospital? –pregunto Hermione.

-Después de eso no la volví a ver –comenzó la chica de los ojos azul zafiro. –Simplemente desapareció y yo tenía cosas más importantes en las que preocuparme además de pensar que había sido de ella. Un mes después de que ingrese a San Mungo fue que me entere de mi embarazo (al menos yo porque estoy segura de que los sanadores ya lo sabían).

-Necesito preguntarte algo antes de que continúes –interrumpió Harry y ella espero a que hablara. –Sabías de tu embarazo antes de que todo pasara ¿verdad?

-Sí, algo así.

-¿Y porque no me lo dijiste? Eso es algo que aun no termino de entender ¿Por qué ocultármelo? Si me lo hubieras dicho yo te hubiese cuidado mucho más y tal vez nuestras desgracias no… Todo pudo ser tan diferente Vanessa.

-No podemos cambiar el pasado Harry y si no te lo dije fue porque quería esperar a estar completamente segura. No por un simple mareo o desmayo iba a pregonar ¡Estoy embarazada! –dijo ella y puso los ojos en blanco. -¿Puedo continuar con mi relato?

-Aja –le contesto de mala gana.

-Fue un shock muy grande el enterarme de que Melissa estaba en camino. Solo imagínense la magnitud de mi problema… Yo estaba sola y sin la menor idea de quién era a excepción de ser una bruja. La frase “Felicidades señora, va a ser madre” no fue la mejor noticia que pude recibir sin saber ¿Cómo, cuando, donde y quien? Pero tenía una señal que Ginny no me arrebato. Esto… -dijo levantando un poco su mano y señalando el anillo de oro blanco con un zafiro que reposaba en uno de sus dedos.

-El anillo de compromiso –dijo Harry en un susurro al verlo.

-Eso era todo lo que tenía para tratar de recordar o por lo menos imaginar lo que había sido de mi vida antes de perder la memoria. Cada día que pasaba soñaba despierta pensando que existía un hombre que me quería y que planeaba casarse conmigo. Sabia que no podía ser cualquier hombre por semejante anillo y para mi desgracia tuviste la inteligencia de grabar solamente la fecha (07/01/99) que era justo un día antes de mi llegada al hospital. Trataba de imaginarlo en mi mente pero por más que lo intentaba no pasaba de ser un hombre entre sombras.

Ella dio un largo suspiro y cerró los ojos antes de continuar.

-De verdad que fueron tiempos muy difíciles para mí. Todo el tiempo tenía que estar en la cama ya fuera porque no soportaba las patadas que esta lindura me daba o porque me sentía cansada o por el dolor de herida que Bellatrix me hizo en el brazo. Espero que alguien de ustedes se haya encargado de matarla porque la odio con todas mis fuerzas.

-Por Bellatrix Lestrange no tienes que preocuparte –dijo Ron. –Ella se mato a sí misma. Se quemo viva y no fue agradable ver eso.

-Pues ojala y se siga quemando en el infierno porque era una p… Oh, lo siento bebe, no escuches lo que dice mamá. –dijo dirigiéndose a su hijita que sonrió y siguió jugando con los anteojos que le había quitado a Harry.

-¿Y después que paso contigo? ¿Cómo fue que recobraste la memoria?

-Después me puse enorme –dijo entre risas y haciendo ademanes de un gran vientre -Bueno, me fui acostumbrando a las atenciones del hospital. Nunca estaba sola, siempre llegaba un nuevo mago o bruja con quien platicar, por ellos me enteraba de lo que sucedía afuera y de los rumores de que “El Señor Tenebroso” había sido derrotado. Escuche tu nombre muchas veces pero solo eras un nombre –se encogió de hombros. –Simplemente no podía recordar nada y como tú, me resigne a vivir sin un pasado, siendo Miranda y enfrentándome a la maternidad siendo tan joven o al menos eso es lo que me decían…

-Lo ves Ron, no exagero cuando digo que somos muy jóvenes para casarnos y para tener hijos –susurro la castaña a su novio aunque Vanessa fingió no haberlos escuchado, a ella lo que más le importaba era seguir hablando.

-Recuerdo muy bien la mañana en que Melissa llego al mundo. La noche anterior había llegado una pobre mujer a causa de un hechizo lanzado por los mortifagos que aun no eran capturados y yo como me sentía bien y no tenía nada que hacer fui a consolarla un poco… Me dio mucha tristeza verla llorar y escuchar su historia; de inmediato me identifique con ella en parte porque a mí me habían atacado mortifagos igual que ella y lo peor de su caso fue que el ataque le hizo perder al bebe que esperaba, su esposo estaba muy deprimido pero así es la vida ¿no?… yo era afortunada de no haber corrido la misma suerte… De repente empezaron unas fuertes contracciones y me aterrorice porque aun faltaban dos meses para que mi embarazo concluyera, no era tiempo de que la criatura naciera, creo que asuste a todos con mis gritos de dolor. Todos corrían como locos y otros se acercaron a ofrecerme ayuda y… y ya.

-¿Y ya qué?

-No lo sé, perdí el conocimiento y estuvo bien porque no sufrí con el parto. Cuando desperté unos preciosos ojitos verdes me estaban mirando y fue cuando por fin pude visualizar el rostro del hombre que trataba de imaginarme durante todo ese tiempo. Fue maravilloso tener a Mel entre mis brazos, tan chiquita y tan hermosa; una verdadera lástima que te perdieras de esa alegría.

Harry gruño y nuevamente le lanzo una mirada asesina a la pelirroja.

-No recuerdo porque le puse ese nombre pero creo que a ella le gusta ¿verdad cariño? –la pequeña Melissa asintió con la cabeza y se puso a saltar en el sofá sin soltar la mano de su papá.

-Y aun sigues sin responderme ¿Cómo recuperaste la memoria?

-Eso no quiero responderlo ahora, quizá más tarde u otro día… Con la llegada de mi hija no había nada más que me importara. Los sanadores nos tomaron bastante cariño y pensé que no sería mala idea trabajar en San Mungo, no iba a dejar que me mantuvieran todo el tiempo pero solo quedo en propósito porque nunca lo hice. Pasaron los días, los meses y mi bebe fue creciendo después de que pasaron muchas cosas recupere la memoria (no pienso decirte aun como fue). Lo importante es que decidí ocultarle a todos que recordaba mi pasado por todas las razones que te conté hace un rato: Ginny ya era tu novia, yo estaba “muerta”, nunca te habías enterado de mi embarazo y ya había pasado más de un año desde mi desaparición, era mejor dejar las cosas como estaban; tú con Ginny y yo con mi hija.

-Y entonces decidiste volver –añadió la castaña.

-Si, por muchas razones decidí volver pero una de ellas fue que una noche escuche a varios sanadores que planeaban quitarme a mi hija.

-¿Por qué? –pregunto Harry alarmado.

-Porque creían que una madre con una personalidad tan compleja como la mia no era buen ejemplo para ella. Al ser Vanessa yo intentaba matar todo amor y dulzura que desprendía Miranda pero un cambio tan drástico preocupo a quienes cuidaban de mí.

-Eso no es suficiente razón ¿o sí? –pregunto Ron.

-De acuerdo, existía otra razón que me obligaba a volver pero no quiero hablar de eso ahora –exclamo la chica

-¿Y cuando piensas dejarte de tanto misterio? –pregunto Harry.

-Hace unas semanas escape del hospital… -empezó la chica ignorando al muchacho por completo. –Contaba con el dinero muggle y mágico que muy amablemente Ginny dejo en mis bolsillos. El único lugar al que se me ocurrió llegar fue mi casa en Cambridge, aun no me sentía lista para enfrentarme a ti y estaba segura que mi casa estaba desocupada.

-¿Por qué?

-Tal vez porque es mi casa y no tuya y porque si mi ausencia te afecto no querrías volver a donde todo ocurrió ¿O me equivoco?... –ella espero a que Harry dijera algo pero guardo silencio –En la casa tenía escondida mi llave de Gringotts y al día siguiente fui a sacar más dinero; fue ahí cuando descubrí que me buscaban los de San Mungo. Encontré un periódico tirado que decía “Mujer demente roba niña de San Mungo” acompañada por una descripción mía. ¿Pueden creerlo? Me acusaban de llevarme a mi propia hija y en ninguna parte lo mencionaron.

-Nunca leí eso en “El Profeta” –susurro Harry.

-Por Ginny me entere de que no sabían nada …

La aludida dio un respingo al sentir las miradas sobre ella y se sumió más en el sofá. Vanessa suspiro y continúo.

-Luego me refugie en mi casa y una buena chica muggle apareció. Se llama Andy y se ofreció a cuidar a Melissa si lo necesitaba a cambio de dinero. Le di el empleo de niñera para aprovechar el mayor tiempo posible en volver a localizarlos a ustedes. No fue difícil con la información que ya conocía. Todas las mañanas salen a trabajar y los fines de semana descansan. Los seguí por un par de días pero la semana pasada no aguante la tentación de acercarme a ti y saber si me recordabas por lo menos un poquito. Fue interesante y muy halagador todo lo que le dijiste sobre tu ex esposa. –dijo dibujando una sonrisa en el rostro

-Sigo preguntándome si te perdonare por no habérmelo dicho en ese momento. Esa tarde tú dijiste que irías con tu ex y no lo hiciste.

-¿De nuevo tendremos esta discusión? –preguntó con irritación –Me cerraste la puerta cuando vine a buscarte.

-Pues sí, pero fue porque… pensé que solo estaba soñando y… ¿Qué hacías vestida de rosado?

La niña estallo en carcajadas y salto a los brazos de su mamá.

-Fue culpa de Melissa –dijo tratando de lanzar mirada de enojo a su hija pero fue en vano con aquella carita tan inocente –Escondió toda mi ropa en la chimenea y yo no podía aparecerme vestida como Miranda. Accedí a que la niñera de Mel me prestara ropa pero nunca creí que se le ocurriera una blusa rosada junto con una diadema que esta pequeña traviesa me obligo a usar.

-Tu ni muerta usarías rosado…

-Teniendo prisa sí. Deseaba que fueras tu quien abriese la puerta, Ron y Hermione no estaban y cuando deje a Ginny estaba asustada de mi presencia por lo que deduje no tendría el suficiente valor de estar cerca de ti. –hizo una pausa y dando un suspiro continuo –Me desaparecí de tu puerta enojada, decepcionada y sin saber que decirle a mi pequeña Mel… Yo le prometí que esa tarde conocería a su papá y no iba a cumplirlo, al menos no en ese momento.

-Después fue cuando volví a verte en el parque ¿no es así?

-¿Es que se volvieron a encontrar? –pregunto Ron sorprendido

-Aja. –respondió la chica con rapidez –Volví a disfrazarme de Miranda y estuve dando vueltas por el parque hasta que apareciste muy enojado. Me contaste lo que sucedió a regañadientes pero lo hiciste y cuando lo supe trate de aligerar tu carga de culpabilidad, me dolía mucho verte tan deprimido y desesperado. No me parecía bien que culparas a Ron y Hermione así que ustedes dos denme las gracias de que Harry no los odie –dijo volteando a verlos y ellos se sintieron apenados pero no pudieron decir nada más.

-Ahora que recuerdo… -susurro Harry con aire pensativo –Esa noche cuando te despediste me invitaste a cenar ¿con tus padres? –termino la frase con la confusión reflejada en el rostro y Vanessa se rio.

-Sí, te invite a cenar con los padres de Miranda (que por supuesto no existen) Necesitaba una coartada para evitar que preguntaras porque usaba la gorra y los lentes. Fue arriesgarme demasiado porque no tenía idea de lo que responderías. Si aceptabas buscaría la forma ideal para deshacerme de ti pero me llamo mucho la atención la respuesta que me diste. “Voy a visitar la tumba de mi ex esposa” –dijo la muchacha intentando imitar la voz de Harry.

A Melissa le causo gracia la imitación de su mamá y se rio bajito recordando su promesa de permanecer callada.

-Me sorprendí bastante porque no pensé que existiera una tumba con mi nombre. Y me entro curiosidad por saber el lugar donde supuestamente descansaban los restos de Vanessa. Te cuestione hasta obtener la respuesta y luego me fui a casa para asegurarme de que Mel durmiera y de inmediato me volví a ir para aparecer en el bosque prohibido y no cruzarme en tu camino. Necesitaba verlo con mis propios ojos pero llegaste demasiado rápido…

-¡Tú eras la persona encapuchada! –exclamo el muchacho y Vanessa asintió alegremente con la cabeza. –¡No tienes idea del susto que me diste!

-Espera un momento Harry –dijo la castaña –Nunca nos dijiste nada de una visita al cementerio.

-No lo creí necesario –le respondió y volvió a dirigirse a la joven de los ojos azul zafiro. –Dejaste que te persiguiera por el bosque y ¡Me atacaste más de una vez!

-No iba a dejar que me descubrieras a mi o a Miranda frente a esa tumba. Perdón por los hechizos que te lance. Me arrepentí mucho de los últimos porque no quería que te golpearas o desmayaras, solo quería que me dejaras tranquila.

-¡Y me dejaste tirado y solo en el bosque prohibido!

-¡No es cierto! Me quede contigo hasta que despertaste. Y por cierto, te ves muy bien durmiendo… -susurro y Harry se ruborizo un poco. -No soy tan mala como para abandonarte ahí. Solo que cuando empezaste a moverte y supe que ibas a despertar me desaparecí. Deje que pasara una semana y ahora estoy aquí… -termino y se encogió de hombros.

-Humm, te complicas la vida demasiado –fue todo lo que dijo Harry.

-¿Ya te aburrió mi monologo Weasley? –preguntó Vanessa luego de que nadie dijera nada –Espero que no porque necesito hablar a solas contigo.

-¿Co… conmigo? –pregunto la pelirroja con temor.

-Sí, necesitamos hablar tú y yo de mujer a mujer

La muchacha le dio un beso a su hija e hizo que se quedara con Harry para ponerse de pie

-Pero…

-Anda, no seas grosera Ginny, vamos arriba y platiquemos un poco.

Ginny se puso de pie y miro asustada a su hermano y futura cuñada ¿Estar a solas con Vanessa después de todo lo que había ocurrido? Trago saliva y asintió débilmente con la cabeza. Harry y sus amigos también se pusieron de pie y miraron con desconfianza a Vanessa que tenía una peculiar sonrisa en el rostro.

-Sigueme Weasley –ordeno Vanessa y cuando casi llegaba a la entrada del salón Harry le dijo:

-Vanessa… dame tu varita mágica –dijo Harry extendiendo la mano con la que no cargaba a Melissa. Ella se detuvo y lo miro con gesto ceñudo.

-No pienso hacerle nada a Ginny –le dijo al descubrir por donde iban los pensamientos de Harry.

-No me importa… Tu también Ginny, entrégame tu varita mágica, no quiero correr riesgos.

La pelirroja accedió de inmediato y puso su varita en la mano de Harry. Vanessa bufo, puso los ojos en blanco pero al final le dejo su varita mágica. Ambas chicas salieron de la habitación no sin que Vanessa susurrara “Que desconfiado”.

En silencio las siguieron y se quedaron al pie de la escalera observando cómo llegaban al primer rellano y en lugar de quedarse en ese piso subían hasta el segundo.

-No se tu Harry pero yo no las hubiera dejado solas. –dijo Ron que al igual que Harry no dejaba de mirar las escaleras.

-Hermione, puedes cargar a Melissa un momento –pidió Harry y aunque la pequeña se aferro a su cuello paso a los brazos de la castaña.

El ojiverde lentamente subió los escalones preguntándose si hacia lo correcto al subir pero a mitad de camino se detuvo. Todo estaba muy callado, hasta su hija parecía entender que debía guardar silencio para escuchar cualquier cosa que fuera señal de peligro. Se quedo cerca de dos minutos ahí parado hasta que se escucho un golpe mucho más fuerte que una pisada normal. Miro a sus amigos con temor y continúo subiendo hasta llegar al primer rellano donde se detuvo para ver si desde ahí lograba escuchar algo más pero nuevamente se hizo silencio pero fue algo muy breve porque se escucho el ruido de vidrios romperse. Todos dieron un respingo y se miraron los unos a los otros a no saber lo que ocurría en la habitación de arriba.

-¡Maldición! –exclamo Harry y sin más, subió los escalones a toda velocidad.